LA CLASE DE ROCIO

LA CLASE DE ROCIO
“El niño tiene cien lenguajes, cien manos, cien pensamientos, cien formas de pensar, de jugar y de hablar, cien siempre cien formas de escuchar, sorprender, amar, cien alegrías para cantar y entender" (Loris Malaguzzi)

martes, 28 de julio de 2015

POR UNA EDUCACIÓN SIN GRITOS

Los niños son pequeñas personitas siempre expectantes de algo que ver e imitar. Son esponjas que todo lo absorben, tanto los buenos como los malos modelos. Si bien, ellos no tienen nuestras herramientas para manifestar desagrado o incapacidad (o si las tiene el adulto no las escucha y habla sobre ello) y se les exije que hagan las cosas muy rápido/ lento, que no se les caiga un vaso, que no salten o manchen, que lo terminen todo, etc. Pero ¿acaso el adulto es un ser perfecto?

El adulto es, en muchas ocasiones, un ser contradictorio para la mente de un/a niño/a:  «No grites» y se le grita, «no digas palabrotas» y las oye en casa o «no pegues» y se le pega. A veces un NO o un PORQUE YO LO DIGO  resulta necesario, por ejemplo, para evitar un peligro. Lo contraproducente es no explicárselo y ser irrespetuosos.

Con esto, no se quiere decir que haya que ser permisivos y darle siempre lo que quiere ya que puede llegar a convertirse en un/a tirano/a. O que el adulto se convierta en un robot de sonrisas porque somos humanos. LO NOCIVO ES QUE POR SISTEMA SE RECURRA AL GRITO, AL CASTIGO O AL CACHETE PARA CONTROLAR AL NIÑO porque “es un terremoto que no escucha" o porque  “no sé controlarlo".

Para demostrarle que controlamos la situación hay que trazar unos límites y unas consecuencias y mantenernos firmes pero no hacer lo que no queremos que no haga. Con gritos les enseñamos que no controlamos la situación.

Porqué no se les dice tanto a los niños “Así se hace " o “muy bien" y en cambio el “muy mal" lo tenemos siempre en la boca.

Está demostrado que el grito y las malas maneras de forma continuada, además de dañar su autoestima,  le enseña a gritar en lugar de canalizar su rabia, le hace inseguro y, el día de mañana, seguramente haga que actúe como el modelo que le educo.

Por eso, lo más efectivo es:
Pasa tiempo con tu hijo/a, sientate a hablar, apaga um rato la TV y el móvil y juega con él/ella. Porque el tiempo vuela y él/ella siempre recordará esos momentos. Así conseguirás que generalmente, gracias a que le has escuchado y respetado, haga las cosas que le pides y se sentirá más realizado y feliz.


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